Había una vez, en el corazón del taller de nuestro compadre, un auténtico bosque de postes metálicos esperando su próxima misión. No eran árboles, pero casi: había unos 200 postes relucientes, listos para salir a vigilar cada rincón de México.
Había una vez, en el corazón del taller de nuestro compadre, un auténtico bosque de postes metálicos esperando su próxima misión. No eran árboles, pero casi: había unos 200 postes relucientes, listos para salir a vigilar cada rincón de México.